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miércoles, 15 de febrero de 2012

VAMPIROS / DRACULA






Según la leyenda popular, cadáver que sale de la tumba durante la noche, a menudo en forma de murciélago, y succiona la sangre de las personas dormidas para alimentarse. Se supone que determinados talismanes y hierbas alejan a los vampiros que, según la tradición, sólo pueden ser destruidos por cremación o clavándoles una estaca en el corazón. La creencia en los vampiros se remonta a la antigüedad y estuvo muy extendida entre los eslavos.
 Cobró gran impulso con la novela Drácula (1897) del escritor irlandés Bram Stoker cuenta la historia del conde Drácula, un vampiro de Transilvania, que se convirtió en uno de los personajes más famosos de las películas de terror. Stoker se inspiró en el príncipe Vlad Tepes Dracul, quien reinó en Valaquia (y no en Transilvania) entre 1456 y 1474. Fue famoso por las sangrientas campañas que emprendió, primero contra los saxos y luego contra los turcos. En una batalla contra estos últimos empaló unos 5000 cuerpos como parte de una guerra psicológica. El nombre Dracul tiene su origen en la pertenencia del príncipe a la orden de los Caballeros del Dragón, cuyo símbolo era la cruz aplastando a la serpiente con alas y garras y llamas exterminadoras que salían por las fosas nasales.
 La creencia en vampiros se agravó durante la época de persecución inquisitorial, en donde acababan con una estaca clavada en el pecho a golpes de martillo o en el caso de los HOMBRES-LOBO con una flecha con punta de plata, todo rociado con abundante Agua Bendita y Crucifijos por doquier y muchas otras técnicas para repelerlos. La generalización del fenómeno llevó a algunas mentes escépticas a estudiar seriamente el caso, encontrando una explicación que se acercaría mucho a lo que debe haber sucedido en realidad en el surgimiento de estos mitos.
Las PORFIRIAS son un grupo de enfermedades genéticas cuya causa es un mal funcionamiento de la secuencia enzimática del grupo HEM o HEMO de la Hemoglobina, pigmento de la sangre que hace que esta sea roja. El grupo HEM es quien transporta el OXIGENO de los pulmones al resto de las células del organismo. Este grupo HEM es un complejo férrico (en estado ferroso) con protoporfirina IX, la secuencia enzimatica necesaria para su síntesis se hereda de acuerdo a las Leyes de Mendel y es autosomico-dominante, cualquier error en la herencia es lo que produce las enfermedades llamadas PORFIRIAS. Los síntomas de las mismas son:
 1) Fotosensitividad, se presenta en todas, menos en la llamada Forma Aguda Intermitente. Esta fotosensitividad es el resultado de la acumulación de porfirinas libres de metal en la piel produciendo serias lesiones: HIRSUTISMO (el organismo, para protejerse de la luz hace que crezca pelo aun en lugares no habituales como en el dorso de los dedos y las manos, en las mejillas, en la nariz, en una palabra en los lugares mas expuesto... a causa de ello el enfermo huye de la luz intensa, en especial la del sol y si sale , lo hace solo DE NOCHE; la piel puede presentar también zonas de pigmentación o de despigmentacion y los dientes suelen ser rojos haciendo que el aspecto del enfermo se aleje cada vez más del estereotipo de ser humano para acercarse mas al monstruo).
 2) Las porfirinas acumuladas en la piel pueden absorber luz de cualquier longitud de onda tanto en el espectro ultravioleta como en el espectro visible y luego transferir su energía al OXIGENO que proviene de la respiración. El OXIGENO normalmente NO ES TOXICO... todos sabemos su imprescindibilidad para nuestra vida, pero con el exceso de energía transferido por las PORFIRINAS se libera OXIGENO ATOMICO (Aclaración: todas las moléculas de los gases se componen de dos tomos, por ello al OXIGENO ATOMICO, altamente reactivo también se le llama "Singlet-Oxygen" u oxigeno monoatómico u OXIGENO ATOMICO a secas) Este OXIGENO ATOMICO, altamente reactivo, como dijimos, produce destrucción de los tejidos, predominantemente los distales, y los mas expuestos como la punta de los dedos, la nariz, las encías... de hecho, oxida esos tejidos en forma violenta, con desprendimiento de flama y humo...QUEMA PARTES DEL PACIENTE cuando se expone a la luz las manos se convierten en garras... su cara, peluda en su totalidad muestra una boca permanentemente abierta por falta de los labios... los dientes al descubierto, de apariencia mas grande por la falta de encías y donde estaba la nariz, las coanas, dos orificios tétricamente oscuros por donde respira en forma jadeante y por donde fluye una secreción sanguineo-purulenta... Pensemos ahora la posibilidad de encontrarnos en medio de una noche oscura -ya que el paciente sale de noche para evitar el daño que le produce la luz- en la mitad del siglo XIV...

domingo, 9 de octubre de 2011

Astrología y Vampiros.


Introducción



Existen pocos mitos tan fascinantes y tan extendidos por el mundo como el de los vampiros.
A diferencia de otros, todo el tiempo se está actualizando, adaptándose al cambio constante de la sociedad. Como su protagonista, este mito se niega a morir, y por lo visto, parece ser tan inmortal como la misma muerte. Desde siempre, la astrología ha abrevado en los mitos para dar cuenta de correspondencias muy significativas entre un particular argumento y las características adjudicadas a los signos, los planetas, o a la relación entre planetas. Ahora veremos las analogías existentes entre el mito vampírico y la dialéctica que puede darse entre Venus y Plutón; y en otro nivel, entre la polaridad Tauro/Escorpio. Y a fin de cuentas, descubrir qué es eso tan importante que estos seres de la noche quieren decirnos.
Probable nacimiento del mito
Hace miles de años, el ser humano era un competidor más (entre muchos otros) por los alimentos disponibles sobre la faz del planeta. La diferencia entre cazar y ser cazado era mínima. Acaso cuestión de suerte, instinto e inteligencia.
Seguramente, los felinos o los cánidos eran nuestra principal fuente de preocupación, sobre todo cuando caía la noche y teníamos que trepar a los árboles para protegernos. Más tarde, como cavernícolas, la oscuridad y las bestias “allá afuera”, suponían un terreno peligroso para la supervivencia no sólo del individuo sino de la especie (teniendo en cuenta que hace 300.000 años los humanos éramos muy escasos).
Sentados alrededor de una fogata y rodeados por tinieblas, los aullidos y los diversos ruidos de los seres nocturnos despertaban la imaginación de nuestros ancestros, creando ominosas y fascinantes historias. A la vez, seres terroríficos poblaban nuestros sueños (cosa que ha cambiado muy poco) despertando dramáticas sensaciones y oscuros sentimientos.
El miedo es el sentimiento que crea la figura del vampiro. Por eso, los deseos y los miedos más atávicos están condensados en esta figura: miedo a ser devorado, miedo a la muerte, miedo a los muertos, miedo a la oscuridad, deseo de devorar, deseo de inmortalidad, etc.
Es lógico pensar que, a fin de cuentas, el miedo de ser devorado tiene la misma carga psíquica que el deseo de devorar. Tanto el vampiro como su víctima viven dentro nuestro.
Por otro lado, la sangre siempre ha sido símbolo de la vida, mientras que su ausencia denota peligro de muerte. El temor a ser mordido por hombre o animal no sólo tiene que ver con la importancia concreta que tiene la sangre como fuente de vida, sino también con su valor simbólico.
La práctica de la antropofagia y de la hematofilia con fines rituales, ha sido muy extendida en todo el mundo. Aztecas, mayas, tribus amazónicas y africanas, entre muchas otras culturas, han hecho uso de ella. Beber la sangre del enemigo significaba incorporar su fortaleza, su valentía, y hasta poseer su espíritu. Pensemos que esto no es parte del incivilizado pasado; periódicamente nos enteramos de individuos mentalmente desequilibrados que actualizan el ritual; y nosotros, quizás para mantener nuestra cordura, atestamos las salas donde se proyectan las gastronómicas aventuras de Hannibal Lecter.
Durante el siglo XVIII se dio en Europa oriental una verdadera epidemia de vampiros que suscitó numerosos debates científicos y teológicos sobre el límite entre la vida y la muerte. Obras como el “Tratado sobre Vampiros” de Dom Calmet, “Cogitationes de Vampiris” de Johan Herenberg, o “Masticatione mortuorum in tumulis” de Michel Raufft y Phillipe Rherius, intentaron aportar conocimientos racionales acerca de las costumbres de los vampiros. La epidemia de sífilis que azotaba Europa en esos momentos (una enfermedad venérea, es decir, de Venus) también fue sospechosa de tener un origen vampírico.
Durante los ’80 y principios de los ’90 (en sincronía con el ingreso de Plutón en Escorpio en Noviembre de 1983), el tema del SIDA, la sangre y las formas de contagio preocupaban a toda la sociedad. Es una época en que se editan muchas obras y se estrenan numerosas películas y series de vampiros. (Buffy la cazavampiros, el Drácula de Coppola, Del crepúsculo al amanecer, Blade, Entrevista con el vampiro, etc.)
Lo que se juega en este mito es algo tan profundo como lo es la vida y la muerte... el misterio de la vida y el misterio de la muerte.
Descubrir que la vida sólo puede nutrirse de muerte, y que la muerte permite la vida y la creatividad, y que esto es lo más natural del mundo y condición “sine que non” de la existencia, es lo que nos enseña el eje Tauro/Escorpio.



Tauro y Escorpio

Luego del cosmogónico “Big Bang” de Aries, la desaceleración natural de la energía produce materia, y comienza un proceso de estabilización que crea mundos, con latentes posibilidades de vida. A partir de Einstein, podemos afirmar que la materia es energía que vibra a velocidades muy bajas. Y viceversa, la materia vibrando a altísimas velocidades se transforma en energía.
Tauro (primer signo de Tierra) traduce psicológicamente esta desaceleración e inercia con fines de materialización, como un deseo de acumulación y sustanciación; que más que un deseo es una verdadera necesidad. De ahí la inexorabilidad y la potencia del signo del toro. Las necesidades más primarias están representadas por este sector del Zodíaco.
Todo ser vivo debe incorporar a su organismo sustancias de otros organismos vivientes, cosa que en el ser humano se hace a través de la boca. Sigmund Freud descubre que la estructura más básica de la psiquis se forma en una etapa muy temprana, a la que llamó etapa oral.
Chupar, lamer, morder, cortar, arrancar, masticar y tragar son los pasos necesarios para incorporar biológicamente las sustancias que el organismo requiere. Esta incorporación implica un placer psicológico y físico que trasciende el mero hecho de la alimentación. Para ello las piezas dentarias son fundamentales, y en el caso de las especies carnívoras (como los humanos), se usan los incisivos y los caninos, cuya eficacia es de vital importancia en los predadores.
Todos estaremos de acuerdo que si de predadores se trata, el ser humano gana por varios cuerpos, ya que al estar en la cima de la cadena alimentaria, ninguna otra especie puede predarnos, salvo la nuestra… o la de algún ser sobrenatural.
Roger Caillois en su análisis del mito de la mantis religiosa relaciona la necesidad de alimentación con el placer sexual.
Marcel Roland, en un artículo donde define a la mantis como el felino de los insectos, escribe:
“La mantis religiosa mata al macho al aparearse y lo devora, hecho éste que ha impactado al hombre por su cercana relación al acto sexual humano. Los naturalistas reconocen en el insecto la forma extrema de la estrecha conexión que une con frecuencia la voluptuosidad sexual y la voluptuosidad nutritiva. En el hombre existe al menos una característica representativa de la conexión entre la nutrición y la sexualidad: la mordida de amor en el momento del coito. En el mito de Adán y Eva, es la mordida a la manzana el símbolo sexual del pecado original. Durante las relaciones sexuales de los protozoarios (en la base de la escala de los seres vivos) un organismo es completamente absorbido por el otro. El acoplamiento es en cualquiera de los casos una pérdida de inmortalidad, un factor profundo de muerte; es por ello que el estado que sigue a la satisfacción sexual completa se parece al fallecimiento y que en los seres inferiores la muerte sigue inmediatamente a la procreación.”
Desde el punto de vista de la matriz astrológica esto no es ninguna novedad. Permite trasladarnos desde Tauro hacia el misterioso Escorpio. De hecho, las costumbres nupciales de algunos escorpiones son similares a las de estos insectos: la hembra se come al macho luego de la cópula. El escorpión es un tipo de arácnido, y como tal, no puede estar genéticamente muy lejos de ese tipo de araña llamada “viuda negra”.
Alimentación y sexo son seguramente las fuerzas más poderosas que dominan a cualquier ser vivo, son pura manifestación de la naturaleza, como las tormentas y los terremotos.
Es sugerente notar que la vinculación entre nutrición, placer y muerte puede darse también cultural y geográficamente. En la ciudad de Buenos Aires, el cementerio de la Recoleta se encuentra rodeado de coquetos Cafés y restaurantes, centros de exposiciones de arte y de diseño. En París, el cementerio Picpus está pegado al “Viaducto de las Artes”, poblado de galerías de arte, locales de artesanías y distinguidos restaurantes. En Chicago, los restaurantes se enlazan frente al St. Adalbert Cemetery.
Escorpio (segundo signo de Agua) es la octava etapa en el eterno recorrido zodiacal. Simboliza el momento en que la “forma” surgida en Cáncer, y consciente en Libra de la existencia de un otro, intenta la fusión de los opuestos. Para que la fusión sea efectiva, cada uno de los participantes debe “morir” para que surja otra cosa. Esto que aparece no es igual a ninguno de los participantes, pero tampoco es totalmente distinto. Aquí la carga psíquica es mucho más pesada que en la etapa de Tauro. La sexualidad entendida escorpianamente (la “pequeña muerte” como llaman los franceses al orgasmo) se relaciona a un placer psíquico más que orgánico. En Tauro la sexualidad es instintiva, dirigida por la naturaleza para la conservación de la especie. En Escorpio se juegan los deseos ocultos, los anhelos inconfesables y las ansias de poder y dominación psicológica. El ego surgido en la etapa de Leo confronta en Escorpio con su propia sombra.
Cuanto más racional, luminosa e ilustrada sea la consciencia, la sombra aparecerá supersticiosa, oscura, monstruosa y hasta demoníaca.
Un escalofrío sorprende nuestro científico mundo, es el aliento del vampiro.
La pulsión sexual del vampiro va directo a la yugular de su víctima para saciarse. Se puede notar también la anatómica correlación existente entre la zona genital -que la tradición astrológica le adjudica a Escorpio- y la sensible zona de la garganta, regida por el signo de Tauro.




Venus y Plutón

Astronómicamente parece que no hay muchas semejanzas entre Venus y Plutón. Sin embargo podemos encontrar algunas analogías. Físicamente Venus está rodeado de una gruesa capa de nubes que impiden ver la superficie del planeta. No obstante, las sondas enviadas y el análisis de los radiotelescopios indican una frecuente actividad volcánica. Las sondas Venera 15 y 16 registraron la existencia de numerosos cráteres producidos por los volcanes. Además, son los únicos dos planetas del sistema solar que giran sobre su propio eje al revés que los demás. En Venus y en Plutón, el Sol sale por el oeste y se oculta por el este.
La ligadura entre ambos planetas es más profunda de lo que creemos.
Los vampiros han pasado por toda forma de representación: han sido hombres, mujeres, niñitos, ancianos, animales, alienígenas, dibujos animados y quien sabe que más.
Hay algunas mujeres que aspiran a ser “vampiresas”. Hollywood ha tenido mucho que ver con esto. Muchas se identifican con la “femme fatale” comedora de hombres. Se dedican desmayadamente al ocio y al placer, y de alguna manera han logrado modificar la imagen femenina dominada por la ideología machista. Puede que estas vampiresas de la vida real, sinteticen el aspecto Venus/Plutón desde el punto de vista del comportamiento social.
Detengámonos ahora en el análisis del aspecto entre ambos planetas, sin entrar en mayores detalles en cuanto al tipo de relación. A priori un aspecto duro (conjunción, cuadratura u oposición) generará una tensión mayor que un aspecto blando (trígono y sextil). A veces no es necesario que efectivamente estén aspectados. Una carta con preponderancia plutoniano/venusina también habilitará la temática Amor – Muerte.
La persona con esta estructura energética tiene dentro de sí a La Bella y a La Bestia. Lo delicado y lo intenso. La belleza y el horror. La entrega y el poder. Como con todo aspecto, el aprendizaje consiste en hacer una alquimia entre ellos.
Pero lo más habitual es quedarse en un polo y proyectar el otro, sobre todo en la oposición.
Identificada con Venus, la persona huye del “monstruo”, pero sistemáticamente tropieza y queda a su merced. (O huye de un monstruo para caer en los brazos de otro). Puede sentir que si se abre afectivamente puede ser destruida. Por eso le cuesta entregarse, aunque puede ser muy seductora. Tiene un doble movimiento: inconscientemente se abre ante lo que teme, pero esto es rechazado conscientemente. Vive la tragedia de anhelar algo que en el fondo no quiere que suceda.
Si la persona está identificada con Plutón, querría dominar y someter a alguien delicado y frágil. Se siente un monstruo, y le parece imposible que alguien pueda amarlo. Necesita descubrir su “fealdad” pero teme ser rechazado al hacerlo. Sería un gran avance para el lado plutoniano darse cuenta que esto revela su gran vulnerabilidad; como así también apreciar de qué modo el lado venusino manipula al “poderoso” desde la atracción y la seducción.
Para empezar a resolver esta dicotomía habría que investigar cómo las relaciones afectivas generan un juego de poder y un control mutuo. El camino de la transformación consiste en integrar el lado oscuro, cosa que en este caso sólo puede hacerse a través del vínculo amoroso. La sombra imposible de aceptar en uno es traída por el otro. El tema es descubrir que uno es más “monstruoso” de lo que creía… o más vulnerable, según donde esté posicionada la conciencia.



A fin de cuentas, amar implica morir.

Pero es el amor narcisista el que muere, pues un amor verdadero implica la transformación total de la vida. Este proceso transformador puede verse claramente en el “Drácula” de Coppola.
Mina Murray, la casta educadora victoriana, tropieza “accidentalmente” con las láminas de un libro similar al Kamasutra. Se ve ofendida y escandalizada por las imágenes, aunque su risa nerviosa junto con la de Lucy Westenra trasluce su fascinación por ellas. La intensidad, por decirlo de alguna manera, aún está muy lejos de su conciencia.
Tras su encuentro con el Príncipe Vlad (que si recuerdan, de Azul sólo tiene los lentes), Mina queda fascinada por su poder para dominar a las bestias, y con el corazón latiéndole fuerte se anima a acariciar insinuantemente el pelaje de un lobo salvaje. Ella ha hecho el primer contacto con su bestia interna.
Al final de la película, completamente vampirizada, primero besa y luego da muerte a su amado (aún con rasgos monstruosos) para así liberarlo de su insoportable inmortalidad. Ha comprendido su otro lado, no proyecta más, se ha transformado en una Venus – Plutón absoluta.
Vimos como el lado identificado con Venus va incorporando “dosis” cada vez mayores de Plutón hasta transformarse en Venus – Plutón.
El lado identificado con Plutón, Drácula, comienza como un desolado monstruo en un tenebroso castillo, reptando por los muros y sacrificando bebés. Venus ha quedado lejísimo de su conciencia.
Cuando Mina relata su visión (digamos, desde una vida pasada) del hogar natal del Conde, a éste se le nublan los ojos de la emoción. Ha conectado con un punto sensible en su alma. Al final, sólo el amor total consigue redimirlo (y transformarlo), entregándose y renunciando a su vida anterior como inmortal.
Ahora vemos que el lado identificado con Plutón va incorporando “dosis” cada vez mayores de Venus hasta transformarse en lo que siempre ha sido: Venus – Plutón.



Vlad Tepes

El irlandés Bram Stoker se basó en un personaje real para dar vida al célebre Conde transilvano.
Con el apellido Drácula figuran tres generaciones de nobles que gobernaron la zona de Valaquia durante el siglo XV y XVI, y que incursionaron en Transilvania, territorios que hoy pertenecen a la República de Rumania.
Quien nos interesa particularmente es Vlad III, llamado Draculea (hijo de Dracul, o hijo del diablo) y también llamado Tepes (empalador), por las crueles costumbres que tenía con sus derrotados enemigos. Aquel que tuviere la mala suerte de caer prisionero de Vlad, sufriría el tormento de ser empalado en vida con una estaca a través de su ano (zona escorpiana). El grabado muestra a Vlad almorzando o cenando tranquilamente (¿una escena taurina?) mientras contempla las hileras de enemigos empalados.
La palabra Drácula proviene de Draconis, dragón. Supuestamente le fue impuesta a Vlad II (su padre) por el emperador del Sacro Imperio Romano. Esta dinastía valaca formaba parte de la secta del Dragón, una secta cristiana comprometida en luchar contra los infieles turcos otomanos, que en esos momentos intentaban expandirse hacia occidente.
El entrecruzamiento de símbolos y significaciones ya se hace evidente entre Escorpio, la serpiente, Drácula, el dragón y Plutón.
Algunos críticos sostienen que el mensaje entrelíneas que existe en la novela de Stoker tiene que ver con mostrar que la civilización se impone a la barbarie (justificando al imperialismo británico), de la misma manera en que la rígida moral victoriana lo hace sobre los lúbricos vampiros y vampiresas.
Antes de la publicación de “Drácula” muchos relatos de vampiros habían pasado tanto por la imprenta como por el boca a boca.
A partir de antiguas leyendas, los románticos del siglo XIX rescataron con su pluma a estos seres de la noche: Sheridan Le Fanú con “Carmillia”, Gastón Leroux con “La máquina de asesinar”, John Polidori con “El vampiro”, James Rymer con “Varney el vampiro”.
Éste último, por ejemplo, tenía un aspecto ominoso. “Nosferatu” (1922) está basado en el personaje de Rymer. En este film expresionista del alemán Murnau, el Conde Orlock fue interpretado por Max Schreck, y es considerado una clásico del cine.
En cambio, la figura del Drácula de Stoker es mucho más estilizada. Y así lo han inmortalizado Bela Lugosi y Cristopher Lee.
La estética draculiana ha dejado atrás las monstruosidades para presentarse más venusinamente, como un sex-symbol romántico y ardiente. El vampiro es un aristócrata, casi un play-boy.
Los vampiros que llegaron más tarde a la pantalla grande continúan acentuando este acercamiento entre Venus y Plutón. El “Drácula” de Francis Ford Coppola de 1992 es esencialmente una historia de amor. El subtítulo del film reza “El amor nunca muere”.
En 1994 se estrena “Entrevista con el Vampiro”, Lestat, Louis y Armand son encarnados por Tom Cruise, Brad Pitt y Antonio Banderas ¡los vampiros más bonitos de la historia! Inclusive por su sensibilidad estética y afectiva, Louis (Brad Pitt) tiene mucho más de Venus que de Plutón, es difícil imaginarlo como un abyecto “monstruo” nocturno.
Los artistas han generado un vampiro con capacidad de amar porque la sociedad tal vez así lo necesita. Digámoslo de esta manera: los surcos arquetípicos del inconsciente colectivo buscan nuevas formas de resolución (como arquetipos más integrados). Ahora nos damos cuenta que el monstruo no es tan horrible como en la Edad Media, y la belleza no es tan inocente y pura.





Drácula

Es difícil saber la fecha exacta de la publicación de Drácula por el irlandés Bram Stoker. Algunos investigadores señalan que fue en Junio de 1897, otros durante la tercer semana de Mayo, en una modesta edición de Archibald Constable & Company, y con un tiraje de 3000 ejemplares.
Pero para apreciar el “clima” astral de esos momentos no será necesaria la exactitud con que es preciso trabajar habitualmente. Sólo analizaremos el nivel celeste, sin las casas. Ver carta astral de la primera edición de Drácula.
Moviéndonos entre el período de estas dos hipotéticas cartas, lo primero que podemos apreciar es el stellium en Géminis, habilitando un tiempo maduro para todo lo que tiene que ver con las publicaciones, la comunicación y la literatura.
Pero lo más interesante de ver es la conjunción entre el Sol y Plutón, con un orbe amplio o más acotado según el caso. Por este factor ya estaríamos ante una obra “plutoniana”, muy consonante con el tema que nos ocupa. Para la humanidad, la obra literaria “Drácula” nace en ese momento. Como decía Carl Gustav Jung: “todo lo que nace en un momento dado tiene las características de ese momento en particular”.
Pero eso no es todo, Venus se encuentra dignificado en Tauro, en cuadratura a Marte (co-regente de Escorpio) en Leo. Saturno y Urano están en Escorpio. La temática amor-deseo-poder-sexo-muerte, etc. está presente en el argumento del libro, en el mito del vampiro y en el cielo del momento.
Me pareció interesante también investigar acerca de la carta de Bram Stoker y la del verdadero Drácula, pero los datos son insuficientes. El “vampirólogo” Roberto Coria me comentaba:
“Ni siquiera Barbara Belford, la mejor biógrafa de Stoker, acota en sus obras (“Bram Stoker and the man who was Dracula”, “Bram Stoker”, etc.) la hora exacta de su nacimiento, que ocurrió el 8 de noviembre de 1847 en Clontarf, Irlanda.
Sucede lo mismo con el voivoda Vlad Dracula. Raymond McNally y Radu Florescu, ambos antropólogos y autores de las mejores investigaciones sobre esta figura histórica (“In search of Dracula”, “Dracula: A biography of Vlad the impaler”, etc.), señalan que su nacimiento sucedió en algún momento de 1431, aparentemente en Tirgoviste, capital de Valaquia (la actual Transilvania), sin poder especificar siquiera el día o mes.”
Sin embargo, es significativa la posición de los planetas personales de Bram Stoker: Sol y Luna en Escorpio, Marte en Tauro y Venus en Libra.
Otra interesante carta para analizar puede ser la de el actor Bela Lugosi, no sólo porque fue el intérprete más famoso del Conde, sino porque en su vida se mezcló dramáticamente la ficción y la realidad. Al final, murió creyendo que era Drácula.
Algunas biografías señalan que nació en Hungría, pero según la base de datos de www.thenewage.com nació el 20 de Octubre de 1882 en Lugoj, Rumania, a las 3:30 PM - LMT (TU:14:02:24).
Lo que primero llama la atención es que su carta tiene similar domificación que la de la noche en Suiza de Polidori, Byron y Shelley, inclusive con la misma posición de la Luna.
Venus es preponderante en la carta, como planeta más elevado y como dispositor del Sol. Tiene cuatro planetas entre casa VII y VIII y el Sol en Libra. Venus hace además una oposición muy abierta a Plutón, situado en la cúspide de la III.
Lugosi tuvo una vida con altibajos, comenzó como un actor teatral en Hungría. Exiliado a causa de la primera guerra mundial, se traslada a los Estados Unidos y luego de unos años llega a actuar en Broadway, Nueva York, y salta a la fama mundial con el film “Drácula” de Todd Browning en 1931.
A partir de ese momento jamás podrá separarse de su personaje, con el correr del tiempo actuará en películas cada vez peores. Adicto a la morfina, estaba convencido que era realmente un vampiro. Había nacido muy cerca de la tierra del Conde y fue enterrado con su traje de Drácula y su capa negra forrada de satén rojo. Era el 16 de Agosto de 1956. Acaso su Ascendente en Piscis lo transformó en una especie de “Zelig”, al mimetizarse con el personaje mítico que habitaba en su interior. Con ese Venus, Lugosi inmortalizó el prototipo draculiano con el “look” aristocrático que fue tantas veces copiado en obras posteriores.
Si relocalizamos su carta a la ciudad de Nueva York, lugar donde triunfó a partir de su caracterización; nos queda un Ascendente a los 29º de Escorpio, Casa XII en Escorpio, Venus en I y Plutón en VII. Aquí tendríamos algunos de los factores necesarios como para considerarlo poseedor de lo que ya podríamos llamar el “síndrome del vampiro”, es decir polaridad plutoniana, y una significativa ligadura (aspecto mayor y en casas angulares) entre Venus y Plutón.
El “síndrome del Vampiro”
Al iniciar este trabajo tan sólo me proponía investigar las posibles relaciones entre el mito y algunos factores astrológicos. Pero al desarrollarlo se me hizo evidente con mucha fuerza, el terrible e incontrolable poder que anida en toda persona que posea el “síndrome del vampiro”.
Como decíamos antes, la dialéctica entre Venus y Plutón parte de la misma matriz de la astrología, y en un sentido amplio nos compete a todos como humanidad. Por eso, esto se transforma en un mito, que luego es constantemente actualizado y resignificado.
Pero para ciertas personas el mito es mucho más inmediato, pues no hace falta que vayan al cine para sentirlo latir en su interior o para verlo actuar en su vida diaria. Acaso gracias al libre albedrío, será vivido como un remedio o una enfermedad, será el veneno o su antídoto.
Seguramente hay mucho todavía para investigar, los aspectos de Venus y Plutón en sinastría son muy significativos.
Sería un error pensar que la persona que pone su Plutón sobre el Venus de la otra será como el vampiro con su víctima, pues primero habría que analizar cada carta exhaustivamente. Estamos comparando un planeta personal con uno transpersonal. Plutón está muy lejos de ambas consciencias. El encuentro se habrá dado para que los dos integrantes de la relación trabajen en conjunto ese aspecto en particular: el vínculo será absolutamente vital y transformador… o totalmente destructivo.
Como dice el profesor Abraham Van Helsing en el “Drácula” de Stoker:
“¡Ah, si esa criatura procediera de Dios y no del Demonio, cuanto bien podría hacer en este mundo nuestro!”.

Alejandro Christian Luna ©2004


Bibliografía
Cao, José Luis: “Drácula y el misterio de los vampiros”. Editorial Mito-Logos.
Carutti, Eugenio: Apuntes de 2º y 3º Año de Casa XI.
Cirlot, Juan Eduardo: “Diccionario de símbolos”. Ediciones Siruela.
Franklin, Anna: “El tarot del círculo sagrado”. Edaf Editora.
Idemon, Richard: “Astrología de las Relaciones”. Editorial Urano.
Stoker, Bram: “Drácula”. Editorial Bruguera.
Tompkins, Sue: “Los aspectos en astrología”. Ediciones Obelisco.

Selección literaria sobre vampiros
King, Stephen: “La hora del vampiro”. Plaza y Janés Editora.
Matheson, Richard: “Soy leyenda”. Editorial Minotauro.
Maupassant, Guy: “El horla”. Alianza Cien.
Nodier, Charles: “Infernaliana”. Valdemar Ediciones.
Polidori, John William: “El vampiro”. Historias fantásticas Duende. Editorial Mosaico.
Rice, Anne: “Entrevista con el vampiro”. Ediciones B.

Selección fílmica sobre vampiros
Entrevista con el vampiro. Warner. 1994. Neil Jordan.
Drácula. Culumbia. 1992. Francis Ford Coppola.
La danza de los vampiros. Metro. 1967. Roman Polanski.
Nosferatu. Prana. 1922. Gustav Murnau.
Nosferatu el vampiro. 1979. Werner Herzog.

Este trabajo fue presentado originalmente en el VIII Encuentro entre Astrólogos,
en Buenos Aires, Junio de 2004.


miércoles, 13 de enero de 2010




Victorianas:(III). El misterio de la niña y el destripador (II)

Después de haberse perdido, la niña debe encontrar el camino de regreso, y eso sólo es posible a través de una pesadilla. Es ese punto abisal por el cual se vuelve, luego del viaje y la perdición, ese vórtice excéntrico que permitió por ejemplo a Dante regresar de su jornada y terminar su Comedia.

Como los victorianos y los detectives,Charles Lutwidge Dogson era aficionado a las sombras, enigmas y laberintos. Algunos pensaron que los 12 capítulos de la obra maestra que escribió su sombra o, Lewis Carroll, Alicia a través del espejo, con su gato negro, su gato blanco, su tablero de ajedrez y sus respectivos trebejos, era una inocentada.

Pero muchos, con el correr del tiempo, han caído en que el viaje de Alicia, una niña de siete años, hacia el revés del espejo, escondía un trasfondo sombrío. Pocos, tal vez, han caído en la cuenta de que era una obra agónica.

Richard Wallace, atento lector de Carroll, descubrió que quien pudiera escribir en el primer capítulo un poema tan siniestro como YKCOWREBBAJ,también podía ser Jack el Destripador. Más productivo,de todos modos, parecería leer correctamente esos versos y entender que Dogson, como un frágil vampiro que era, estaba buscando un alma que lo redimiera de sus propios pavores.

Ducho hijo de los espejos, Dogson sabía que éstos nos devuelven el mundo a la inversa, y que sólo a su través es posible asomarse al vértigo de la realidad. Escribir en reverso, trazar anagramas, era su forma de especular con las cosas y consigo mismo, y así, trasvasando las letras de su nombre, Charles Lutwidge al latín, y pasando por Carolus Ludovicus, pudo llegar hacia ese lugar donde estaba proyectada su sombra.

A la casilla de su epifanía que todos recuerdan hoy como Lewis Carroll (aunque casi nadie recuerda que su primer poema se llamó 'Soledad').Como era también fotógrafo no desconocía que hacia la cámara oscura, en lugar del frío que sobre nosotros lanza el espejo, proyectamos nuestra negatividad, lo que los chinos llamarían el Yin, y que es sólo luego de un complicado proceso que regresamos, blancos y evidentes, en un nuevo Yang o en una renovada positividad. Y por eso, en clave detectivesca, lanzó el cruento y redentor juego al que viajó Alicia a través de los escaques de un ajedrez. Como inicio, en la primera línea dio una pista:"Una cosa era segura, la gata blanca no tuvo nada que ver".

Como en el I Ching el tablero de ajedrez consta de 64 figuras o casillas, que alternan el blanco con la sombra. Para un peón, como es Alicia, el viaje consiste en llegar a la octava casilla una vez que alguien ha comenzado a soñar. El enigma persiste, sin aclaración, hasta el final del libro, cuando consigue salir del tablero, para que sea leído en otro nivel: "¿Quién crees tú fue el que lo soñó?".

Ésa es una respuesta que hay que encontrar fuera del tablero, pero tomando en cuenta dos claves. En primer lugar que, dentro del mismo, el soñador es el rey negro, y en segundo término que, al inicio del viaje, es preciso descubrir a un vampiro.

Alicia debe aprender a leer en el espejo y descubrir en el tenebroso poema que omnubiló a Wallace el nombre temible del nosferatu. Así aparece el JABBERWOCKY, que advierte: "Teme al Jabberwocky, mi niño/las mandíbulas que muerden/las garras que atrapan/... El Jabberwocky con los ojos en llamas".

Se trata de otra proyección de Dogson, el pedófilo impotente o vampiro timorato que está encerrado en otra casilla, en otro nivel, atrapado en una especie de ataúd diurno, que es la hora en que sueñan los vampiros, en una casilla que se podría denominar

Por los pormenores de su sueño, sabe que sólo a través de la pequeña Alicia le es posible ver y soñar. Y no desconoce que está encarcelado y que sólo la niña puede llegar a esa casi inaccesible casilla.

Dogson es el rey negro, que esta derribado y preso de su propia majestad y de su sombra vampírica. Y necesita que Alicia, superando sus pavores de infanta, su debilidad y lentitud de peón que debe avanzar hacia adelante hasta que alcance la octava casilla, se corone reina y así adquiera una nueva fuerza y movilidad que le permita dar luego el más terrible de los pasos.

El que es propio de la literatura de verdad. Después de haberse perdido, la niña debe encontrar el camino de regreso, y eso sólo es posible a través de una pesadilla. Es ese punto abisal por el cual se vuelve, luego del viaje y la perdición, ese vórtice excéntrico que permitió por ejemplo a Dante regresar de su jornada y terminar su Comedia.

Sin ese regreso no hay autor, y Alicia tiene que escaparse del sueño, regresar coronada del trasfondo del espejo y matar al vampiro Jabberwocky que paraliza a Dogson. Y cuando se sale del sueño -cuando se encuentra el pasaje de regreso al lado primordial del cristal- es que estamos nuevamente en la casilla -1, ese no lugar, desde el cual es posible comenzar a soñar la luz (una vez que el vampiro ha quedado atrás)

Por fortuna para Dogson la niña Alicia Liddle encontró la brecha en el laberinto del ajedrez, logró sacrificar al Jabberwocky y producir la magia de la escritura, esa justa medida de luz y de sombras. "¿La vida qué es sino un sueño?", cierra la última línea, que es un verso, del último libro de Alicia firmado por el liberado Lewis Carroll, un rey negro todavía endeble para confrontar lo luminoso pero protegido por su flamante reina.

Y qué es la escritura, cabe preguntarse, sino la medida exacta de activar lo cegador de la página en blanco (el equivalente al Yang celestial) y convertirlo en un Yin negativo y activo, el que da el negro atronador de las palabras.

Fin.

domingo, 10 de enero de 2010

Victorianas (II): el misterio de la niña y el destripador(I)






"Centenariamente, desde Bram Stoker, se sabe que esos seres que erizan los espejos son indefensos si no matan, se sabe que se pulverizan frente a la luz, pero es curioso que se ignorase que empavorecen, precisamente, porque son criaturas aterradas."

No es de extrañar que un londinense de suburbios como Mick Jagger cante a voz en cuello, hasta el dia de hoy, que cada pecador es un santo y cada policía un criminal. Porque todavía parece impensable que un nativo de Londres carezca -tanto como nosotros- de una imaginación victoriana. Esa imaginería que nos enseñó a sentir, con vigor de adultos, las cruentas delicias del miedo.

A diferencia de las atrocidades de los cuentos de hadas, donde la infaltable derrota de los ogros cauteriza el sueño de los niños, la ensoñación de la Inglaterra victoriana todavía produce insomnios. Y a estas alturas, cumplidos los lentenarios de Drácula y de Lewis Carroll, queda claro que todavía nos acosa la atormentada penumbra de aquella otra Londres finisecular que, con el gas de sus faroles titilando entre la niebla y los vapores tóxicos, nos dio los más fuertes estimulantes para morirnos de miedo.

Esa ciudad mortecina, cuya población no llegaba al millón de habitantes, donde en ciertos barrios del este se agolpaba ebria la chusma y taconeaban con esmero las prostitutas, fue el escenario del horror por excelencia, y el trono que reclamó, desde su sombra fascinadora, el señor de todos los miedos, el vampiro. Aquella imaginación puritana, casi sin saberlo, lo fue construyendo paso a paso, y lo fue fortificando porque nunca comprendió la verdadera raíz del repeluzno del nosferatu.

Centenariamente, desde Bram Stork se sabe que esos seres que erizan los espejos son indefensos si no matan, se sabe que se pulverizan frente a la luz, pero es curioso que se ignorase que empavorecen, precisamente, porque son criaturas aterradas. Su verdadera meta es llegarse a los mortales a inocular su miedo, con la secreta esperanza de que alguno, en vez de sucumbir ante su mirada ansiosa, pueda vacunarlos contra su propio pánico.

Tampoco un héroe de aquellas noches como Sherlock Holmes, con sus asombrosos poderes deductivos, logró dar con el secreto, porque en Holmes encarnaba el principio goyesco de que los sueños de la razón tienen como parto endriagos y todo a su alrededor era crímenes y pavorosos villanos. Los monstruos eran tan abundantes porque, justo antes que Drácula, gracias a las virtudes del progreso más industrioso y rampante, acababa de nacer la esquizofrenia. Y la esquizofrenia, como luego Jagger y el rock and roll había llegado para quedarse.

En 1886, Stevenson hacía público El extraño caso del doctor Jeckyll y Mr. Hyde, y en 1891 Wilde exponía el Retrato de Dorian Gray. Justo entre estos dos casos, en 1888 y desangrando a ciertas damas por el cuello, llegaba la gran coartada forense que daba el detalle que faltaba para que surgiera, con su sombría plenitud de rasgos, el vampiro. Se trataba de un héroe quirúrgico de entonces -el primero de los asesinos en serie- que hubiera permanecido anónimo si alguien no hubiera escrito a Scotland Yard haciéndose llamar Jack el Destripador.

Cada día se discute más sobre el Destripador, ese esmerado homicida sin rostro, e incluso Sherlock lo combatió en más de una versión para la pantalla hasta que en cierta oportunidad, bastante memorable, se reveló que Holmes, esquizofrénico como su edad, era el verdadero Jack the Ripper.

Pero todas las soluciones han parecido vanas hasta el momento; todo son conjeturas, porque aquella penumbra desconocía las huellas dactilares y no había llegado la cadena de ADN, y El Destripador mantuvo su tenaz incógnito hasta que hace bien poco, en una investigación muy sesuda, el señor Richard Wallace pareció dar, finalmente, con la identidad de aquel homicida y protovampiro.

El culpable, según Wallace, fue un matemático despiadado, un ajedrecista contumaz, un fotógrafo acusado por sus propios biógrafos(y por otra máquina victoriana, el psicoanálisis) de pedofilo, un perverso prestidigitador de paradojas y anagramas que alcanzó celebridad gracias a un par de libros -uno de ellos en verdad escalofriante. Este individuo, que fue diácono y se disfrazó de piadoso, además se ocultaba bajo un falso nombre: Lewis Carroll.

Es sabido que Carroll fue inmoderadamente afecto a los acertijos,y El Destripador, hasta el día de hoy, es un acertijo que decenas de miles de profesionales y aficionados tratan de resolver. La tesis de Wallace está a punto de hacerle ganar los derechos para una película, pero desde ya se puede afirmar una cosa. Sin discutir el acierto o el error de la tesis (a fin de cuentas Jack era apenas un tosco vampiro en ciernes, un exhibicionista de las vísceras de sus víctimas, y por otra parte cualquier espíritu juguetón pudo construirse un pseudo-nombre escribiendo cartas a la policía y arrogándose los crímenes de otro más afecto al anonimato), tal vez la clave de ese espeluzno u obra maestra de Carroll, Alicia a través del espejo, consista en que, muy veladamente y gracias al coraje de una niña de siete años, contiene una fórmula para liberar, de una vez y para siempre, a los vampiros de su propio miedo.

Continuará

viernes, 8 de enero de 2010

Victorianas (I): Llamando a Nosferatu



El más experto de los vampirólogos, el doctor Van Helsing, dio con la gran verdad en 1931. Era Drácula,la película de Todd Browning con Bela Lugosi:"La fuerza de un vampiro reside en el hecho de que no existe" Ya en esa fecha, Van Helsing sabía que los vampiros estaban condenados ser uno de los iconos fundamentales de este siglo, y siguiendo puntualmente las reglas con las que las proyectara, hace un siglo,la fabulosa novela de Bram Stoker.

Sobre todo en Asia y desde hace milenios se tuvo certeza de estas criaturas, y a Europa entraron por los balcanes. Pero fue Stoker en su Drácula quien delineó sus rasgos definitivos y su poder más estremecedor. Había que estar,como Stoker, sumido en la Inglaterra más puritana y encarcelado en la consolidación del individualismo y del narcisismo más ramplón. Toda una civilización que, desde que se democratizaron los espejos en el siglo XVI, sabe como Descartes rebotarse en la superficie fría de un vidrio, y creyendo haber encontrado al Sujeto.

Los vampiros no se ven en la superficie de un vidrio porque, precisamente, ya están ahí, y por eso no necesitan verse. Son los otros, cuando ponen su cara endurecida para repetirse frente a la frialdad del espejo quienes los están convocando. Y por eso, como el diablo, los vampiros no pueden entrar a una casa salvo que hayan sido invitados. Cuando alguien intente seducir o seducirse ya estará llamando al nosferatu y su beso de noche perpetua. "Piensa, luego yo existo" parece decir Drácula, y así, después de él, y pasando por la Entrevista de Anne Rice, estas criaturas de las tinieblas se han convertido en el símbolo melancólico de la juventud más tediosa e insistente.

Cuanto más se sabe de ellos, más intensa resulta la de la novela de Stoker. Como nadie, él supo que había que temerles, y que para tener miedo es imprescindible ponerlo en escena. Así, con agobiadora delicia, con la morosidad más puritana, el lector asiste a un escenario casi trágico, donde el vampiro es más temible cuanto más ausente, cuanto más invisible. Solas, en la intimidad de sus alcobas a las que los caballeros, ni siquiera el médico Van Helsing -ni siquiera el lector-, pueden entrar, Lucy Westenra o Mina Morris quedan liberadas al pudor de su albedrío. Sólo se escuchan golpes de viento, ventanas heladas y heridas que se abren. El escenario ciego en el que unos varones estremecidos no encuentran cómo objetivizar a su enemigo y sólo, desde lejos e impotentes, creen adivinar el susurro, el beso rabioso, la hipnótica saudade del vampiro.

Pocos libros hay más estremecedores que Drácula: van pasando las páginas y se eriza la piel. Es tan grande la escena del miedo que no hay forma de volverla terapéutica; nunca llegará la catarsis, por más que Stoker mienta que Van Helsing y los suyos persiguen y matan a Drácula en su castillo rumano. Y desde ese miedo, desde esa irresolución, desde ese magro finale,nació la verdadera inmortalidad del nosferatu. Porque una vez iniciado ese espeluzno la escena se agranda, el temblor se hace fruición y no hay forma (por más que lo pretendiera el novelista)de matarlo. Ya no se puede vivir, ya no se puede morir. Porque,¿cómo se puede asesinar a algo que no existe, por más seductor que sea? No es con estacas, ni con cacerías expiatorias, no es con ajos, aguas benditas, tampoco con crucifijos. Sólo se los puede eliminar olvidándolos, no llamándolos, no empecinándonos en existir tanto. Se trata, solamente, de dejar morir el vampiro que tenemos dentro.