sábado, 21 de febrero de 2009

Mitología de Vampiros

Mitologías

-La figura del vampiro está regida por unas leyes fijas (como pueden ser el regresar a la tumba con el alba, el evitar el contacto con ajos y crucifijos o el no poder cruzar cursos de agua en movimiento) pero posee también capacidades que están fuera de alcance de toda comprensión humana, además de la inmortalidad, que le otorgan a estos seres un inquietante y sugerente poder; la habilidad para controlar los elementos y tomar formas animales distintas es bien conocida por todo el mundo. Sin embargo, existe otro aspecto característico del vampirismo que nos atrae con mayor fuerza: la sexualidad. Estas criaturas necesitan a toda costa saciar sus necesidades de sangre, obtener el placer de chupar la vida de los mortales a cualquier precio, y para ello son capaces de utilizar todos los medios que estén a su abasto.

Sólo se puede librar de ellos clavándoles una estaca en el corazón, cortándoles la cabeza, o sumergiéndolos en llamas. Los crucifijos, el ajo, el agua bendita y los lugares santos brindarán protección.

Ya en la antigua Babilonia existían leyendas sobre supuestas bestias "bebedoras de sangre" (Lilith, espíritu malvado que provocaba sueños lascivos y de la que se dice que fue la primera mujer de Adán), así como en la mitología asiria encontramos diferentes figuras sobre peculiares criaturas que volvían de la muerte para atormentar a los vivos. Las rutas de la seda que cruzaban Asia se encargaron de extender este tipo de leyendas; por todas partes aparecen seres míticos que se relacionan estrechamente con los vampiros. Encontramos a los Rakshasas hindúes, los Berbangs filipinos, los Langsuir malayos, al Ch'ing-Shih chino o al Jikininki japonés. Pero también en África y América aparecen seres semejantes entre las leyendas de los pueblos indígenas; entidades que se adhieren al espíritu humano para irle absorbiendo, poco a poco, la vida.


En demonología Asiria, se tratan de malvados vampiros.


Lilith: Se dice que fue la primera mujer de Adán, que Dios los creó de la tierra e iguales en todas maneras, pero como Adán intentó que quedase bajo él en el acto sexual, se sintió insultada, por lo cual se reveló y voló lejos copulando con otros seres, dando a luz niños demoníacos. Dios envió tres ángeles para que regresara.
Esta al negarse fue castigada con la muerte de sus hijos, ella en venganza juró que estrangularía a todos los recién nacidos y seduciría a los hombres en sus sueños para luego atormentarlos. Por otra parte, Eva sería creada después más dócil, incluso se dice que Lilith es la verdadera madre de Caín. Así, Lilith se convertiría en el mayor demonio femenino que unida a Namaah recorrerán el mundo como las reinas de seducción y lujuría.

Ella también dominaba las artes de la magia. Ahora Lilith, es la consorte del demonio Samael, con quien procrea cientos de demonios.Antes de convertirse en la Señora de los Demonios, durmió una noche más con Adán, de donde dicha unión, nacieron Shedim, Linin y Ruchin.

En Mesopotamia tenía mucha importancia la creencia en los seres sobrenaturales o deidades y espíritus de los muertos o muertos vengativos. Los primeros podrían ser de muchas clases: monstruos que acechaban en lugares desérticos; labartu, demonio femenino de las montañas; Sedu y Lamassu, seres ambivalentes que podían actuar como espíritus tutelares o como espíritus maléficos; Namtaru era el demonio de la peste; Pazuzu era un demonio del viento; Lilitu (de la que se deriva Lilit) era un demonio súcubo que visitaba a los hombres por la noche. Los rasgos de estos seres son terroríficos,según la demonología.

La introducción de la figura del vampiro en Europa se produjo, con la llegada de los gitanos procedentes de la India, quienes legaron a la cultura eslava las leyendas de los denominados "parásitos del alma". En Bulgaria aparecería el krvoijac, en Prusia el gierach, en Rumania el strigoiul, en Polonia el upier, en Serbia el vlkoslak, en Hungría el vampyr.También la cultura griega se vería influenciada con la aparición del brukolako. En la tradición latina, como en casi todas las religiones, la sangre juega también un papel destacado y los vampiros se introducirían en ella bajo el nombre de lamias o súcubos.
Los campesinos explicaban historias acerca de estas criaturas, de sus costumbres, sus poderes y las formas existentes para acabar con ellas. Pero, ¿quién se transforma en vampiro? Aquellos que mueren víctimas de otro vampiro, aquellos que fallecen por accidente o asesinados, los que al morir se ven reflejados en un espejo, el séptimo hijo de una familia que muere de forma precipitada, todos ellos son susceptibles de sufrir una transformación tras la muerte, de no obtener el descanso adecuado.

--Vampiros en el Mundo--

En África:
Apoop
: vampiro egipcio híbrido entre animal. Poseía una cabeza de lobo o perro y unos afilados colmillos para engullir cadáveres humanos.
Gulo
: vampiro Islámico que presenta grandes diferencia con los vampiros de tradición cristiana. Es un ser de apariencia normal para pasar inadvertido, que se mueve entre el cielo y la tierra y que no posee fotofobia. Solían habitar en los cementerios y eran aficionados a la necrofagia. Se les puede combatir con fuego.
Lamias: criaturas de sexo femenino mezcla de mujer y serpiente que habitaban en los desiertos. No poseían habla pero podían emitir unos bonitos silbidos que atraían a los viajeros que posteriormente engullían.

--En Europa--

Güaxas y Sacauntos: vienen de Asturias y Cantabria respectivamente.En España la creencia de que seres que habían muerto revivían es muy antigua.
Mulo: también llamado "vampiro gitano" significa "el que está muerto" y proviene de la fusión de viejas tradiciones de los países del Este. Suelen realizar acciones de tipo sexual y solo es posible la conversión en Mulo si se es de etnia gitana.
Vurdalak: reúne varios rasgos de seres fantásticos procedentes del Peloponeso. Al igual que el vampiro Rumano puede ascender al cielo y engullir la Luna causando los eclipses. Posee el color de la sangre y aspecto congestionado así como piel tirante al igual que el vampiro griego. Lo hace especialmente terrorífico su afición a atacar a los parientes más cercanos y queridos. La mejor forma de neutralizarlo es introduciendo en su ombligo una rama de espino quemando después su cuerpo,previamente recubierto de rastrojos, con una vela utilizada para velar a un muerto. Striges: Hermosas mujeres vampiro de cuya existencia se creía en la antigua Roma. Eran criaturas voladoras que entraban por la noche en las cunas de los recién nacidos para arrancarles el corazón con su pico.
Strigoi: procedente de Rumania. Su nombre deriva de striga, 'gritar' debido a los chillidos que se oyen cuando luchan entre sí.Pueden nacer así o haberse convertido una vez muertos. Los nacidos tienen dos corazones y una cola recubierta de pelo que les confiere fuerza.Los que proceden de una muerte son mucho más sádicos y maléficos, y pueden convertirse en insectos o seres de la noche con asombrosa facilidad.
Lemures: también tuvieron su principio en la antigua Roma.Se creía que eran espíritus de los antepasados que podían haberse convertido en vampiros y a los que solo se les podía calmar con complicados rituales.

--En Ámerica--

Resulta curioso el gran parecido entre el mito del vampiro en Europa y América siendo dos continentes que estuvieron completamente aislados hasta finales del siglo XV, es precisamente en este hecho en lo que muchos han visto una prueba de la existencia real de los vampiros. Se sabe que los propios indios americanos desarrollaron actividades de índole vampírica. Algunos indios comían ciertas partes de la anatomía de los enemigos, ya estuvieran vivos o muertos. Creían que si comían el corazón adquirían coraje y si se comían el cerebro inteligencia. La leyenda del chupador de sangre en América adoptaba las siguientes formas:
Asema: de Sudamérica, era una especie de hechicero que podía abandonar su cuerpo por las noches para alimentarse de otros.
Cihuateo
: vampiro femenino cuyo origen está en la civilización Azteca. Se creía que una mujer se convertía en él cuando moría durante el parto. Presenta similitudes con las Lamias de la civilización romana.
Thluelphuchi : también procedente de México. Podía transformarse para atacar y alimentarse de otros.



--En Asia--

Ekimmu: Procedentes de la región de Babilonia, eran espectros que al no encontrar descanso se dedicaban a adueñarse de las almas de los vivos. A los que vivían en el desierto se les llamaba Utuhhu y poseían la habilidad de camuflarse entre las dunas para atacar a los hombres. Otra variedad de estos eran los Maskin, que poseían la habilidad de volar y podían provocar eclipses. Lilith : demonio femenino de los hebreos que bebe sangre de los recién nacidos.
Ch'iang Shih
: vampiro de origen chino que adquiere forma humana gracias a un cadaver. Realiza bellos vuelos por la noche y recibe su fuerza de la Luna. Tiene una larga melena de pelo, ojos de un curioso brillo y unas uñas muy largas.
Rakhasa: vampiro procedente de la India. Es un ente semidivino que encarna las pasiones extremas (lujuria, glotonería, y violencia). Son aficionados a realizar rituales caníbales pero a pesar de su desmesurado sadismo y crueldad se presentan entre ellos cierto respeto y afecto. Utilizan la magia con gran maestría y pueden transformarse a voluntad.
Rati-Mbati-Ndua
: se trata en realidad de una entidad divina procedente de Indonesia. Posee la capacidad de transformarse en cualquier cosa y le gusta devorar a los muertos con su único diente. Posee alas en vez de brazos y adquiere la forma de un meteorito llamante cuando surca el
cielo.





En la Mitología fantástica de Tolkien, ninguna historia nos dice si Melkor crió al malvado murciélago chupador de sangre de la Tierra Media a partir de un ave o de un animal. Pero se cuenta que en la Primera Edad del Sol, los espíritus vampiros -bajo esta forma alada, de gran tamaño y armados con garras de acero- entraron al servicio de Melkor, el Enemigo Oscuro. En la Búsqueda del Silmaril, Thuringwethil, la mujer de la sombra secreta, era una poderosa vampira y la principal mensajera que viajaba entre Angband y Tol-in-Gaurhoth, donde Sauron gobernaba a los licántropos. Cuando cayó Tol-in-Gaurhoth, el propio Sauron tomó la forma de vampiro para huir.Una vez deshecho su poder hechicero, también se disiparon otros encantamientos malignos. La capa que le daba a Thuringwethil la capacidad de adoptar la forma de murciélago se le cayó, y el temido espíritu de la vampira huyó.

COMO CONVERTIRSE EN VAMPIRO:




- Animales que saltan por encima de un cuerpo:
Si una persona ha muerto, y un animal (normalmente un gato) salta por encima de el cuerpo, antes de ser enterrado, la persona puede llegar a ser un vampiro. En Rumania esto se puede curar poniendo un pedazo de hierro en la mano de el cadáver.

- Cabello rojo:
En la Mitología griega era muy común que personas pelirrojas, después de la muerte se convirtieran en vampiros. Esto es por la creencia que Judas Iscariot tenía cabello rojo.

- Otras Maneras Comunes:
Suicidio.
Ser un mago o bruja.
Ser el séptimo hijo.
Ser mordido por un vampiro.
Beber la sangre de un vampiro.
Ser víctima de un asesinato sin vengar.
Un cuerpo muerto que sea reflejado en un espejo.
Por no recibir un entierro propio.

El vampiro original

Imagen
EL VAMPIRO ORIGINAL:

Esta leyenda de vampiros es de 125 A.C. originalmente estaba escrita en griego.

Las leyendas de vampiros se originaron de este a oeste en compañía de las caravanas a lo largo de la ruta de la seda por el Mediterráneo. De allí se extendieron a Asia y luego a las tierras Eslavas y los Cárpatos. Los mitos estaban originalmente más estrechamente asociados con Irán, entonces emigraron alrededor del siglo VIII, a donde están ahora. Casi en cuanto llegaron, el proceso de cristianización empezó y las leyendas de vampiros sobrevivieron como mitos.

Más tarde los Gitanos emigraron desde norte hacia el oeste de la India (donde tienen varios mitos de vampiros ), ya allí sus mitos se mezclaron con los del pueblo Eslavo. Los Gitanos llegaron a Transilvania brevemente antes de que Vlad Dracul naciera en 1431. El vampiro aquí era el fantasma de una persona muerta, que en la mayoría de casos habían sido una bruja, mago etc.

Se tiene miedo a los vampiros, porque ellos matan personas pero al mismo tiempo se parecen a ellas. Pero hay ciertas cosas que los diferencian de un ser vivo, no puede proyectar ningún tipo de sombra ni se puede reflejar en ningún espejo. Además los vampiros pueden cambiar de forma, como por ejemplo la de un murciélago, rata, lobo o niebla y eso lo hace sumamente difícil de capturar.

Al empezar un nuevo día los vampiros tienen que dormir en sus ataúdes por que los rayos del sol los matarían, pero por la noche despiertan sedientos de sangre. La forma más común de nutrirse es volando por una ventana, en forma de murciélago y entonces morder a la víctima en el cuello y succionarle toda la sangre.

Los vampiros no pueden entrar a una casa sin sera antes invitados, pero en cuanto tienen el permiso, pueden entrar tan a menudo como ellos quieran. El vampiro no es peligroso solo porque mata a las personas sino porque sus víctimas después de muertas se convierten en vampiros.

El lado mas fuerte de los vampiros es que son casi inmortales, sólo algunos ritos muy especiales poden matarlos tal como: clavar una estaca en su corazón, cortar su cabeza o quemar su cuerpo.

Vampiros



A través de los siglos, la imagen del vampiro ha ido adquiriendo una notoria importancia, ha sido un tema (oculto para algunos) que siempre ha permanecido ahí, a nuestro completo alcance, esperando ser estudiado.

Los vampiros, elegantes criaturas de la noche para algunos, crueles y sanguinarios depredadores para otros, protagonistas de un sinfín de historias, leyendas, libros, películas... pero que aún caminan entre nosotros dispuestos a pasar desapercibidos entre la sociedad...

El concepto de vampiro, tal como nosotros lo conocemos, resulta de una fusión entre la superstición, la historia y el propio temor.
En esencia llamamos vampiro a aquella persona que consideramos muerta y vuelve a la vida para alimentarse de sangre humana, con el objetivo de poder subsistir. Teme los objetos religiosos como las cruces y el agua bendita y otros como el ajo, y únicamente puede ser destruído clavandole una estaca en el corazón y con la luz del sol, convirtiéndose a su vez en ceniza, precisamente para protegerse de ella deben buscar refugio en ataudes, bodegas u otros rincones oscuros donde no de la luz.

Pero existen otras dimensiones mucho más complejas del significado de la palabra vampiro, dependiendo de los países, culturas y leyendas que se han arraigado en todo el mundo, a través de los siglos.

En Mesopotamia existían los "Utuhu" y los "Maskin", seres vampíricos con alas membranosas que causaban pestes, caos y destrucción. En Egipto destacaban las diosas "Srun" y "Apop" seres de imagen lobuna y afilados colmillos. La tradición eslava dice que las primeras personas a las que atacan los vampiros son sus familiares, luego sus amigos y por último gente extraña.
En Rumanía, se pensaba que el vampiro seducía a los jóvenes del sexo opuesto, abusando sexualmente de ellos hasta que morían agotados, se trataba de los llamados "Strigoi", que a su vez se ramifican en dos familias; los "Strigoi Vii" que eran las llamadas brujas-vampiro, y los "Strigoi Mort" que son los tradicionales vampiros no-muertos. Los "Lilitu", de Asia Menor, se alimentaban con sangre de recien nacidos, también en Asia Menor se extendió el culto al dios "Baal", el dios de la sangre, en su honor se derramaba sangre de animales y de humanos con el fin de apaciguar la furia del dios, al igual que en La India con los sacrificios realizados para la diosa "Kali". Los Fenicios extendieron el culto a "Astarté" cuyos sacerdotes se rasgaban su própia piel y la vertían en el interior del ataud de "Adonis" el amante de "Astarté". Los Caldeos creían que el acto sexual precedía a la bebida de sangre. Los indios "Pisachas" violaban y devoraban a las mujeres mientras dormían. Las "Lamias" Griegas y Romanas, eran a su vez amantes y vampiros, después del acto sexual devoraban a sus cónyuges. El vampiro ruso, conocido como "Vieszcy", se mordía las manos y pies mientras estaba en la tumba, pero a la media noche se escapaba y atacaba al ganado, les chupaba la sangre y posteriormente tocaba las campanas de la iglesia, como extraño ritual final. El vampiro búlgaro tenía dos formas, en los primeros cuarenta días de vampirismo, tenía un cuerpo membranoso que brillaba en la oscuridad, y después una larga y viperina lengua.Este vampiro búlgaro era conocido como "Wurdolack" y se afirmaba que era un muerto poseído por un demonio, afirmaban que este tipo de vampirismo era herditario. El vampiro alemán, el "Neun Toter", fue el acusado de extender plagas, tenía el cuerpo cubierto de repugnantes y malolientes llagas. Las brujas "civateteo" de México, se creía que eran los fantasmas de mujeres muertas en el parto, por lo que se venganban robando niños. Los "Ekinmu", en la antigua Asiria, eran los fantasmas de personas a las cuales no se las había enterrado adecuadamente, si no se les hacía una ofrenda, bebían la sangre de los vivos, su aparición significaba la muerte segura. En Malasia, las "Langsuir", eran mujeres que se podían transformar en buho, y regresaban de la muerte para atacar a los niños. Los vampiros japoneses, podían tomar la forma de animales terroríficos, incluso se podían disfrazar de sus própias víctimas después de esconder sus cuerpos y finalmente en nuestro país, España aparecen los "Guaxas" asturianos y los "sacauntos" cántabros, que son seres de naturaleza vampírica.
A parte de todo un sinfín más de mitos que han resaltado muy por encima el protagonismo de los vampiros.

A parte del folklore, ha habído otros muchos y sangrientos vampiros a lo largo de la historia, me refiero a personajes históricos con nombres y apellidos propios que practicaban el vampirismo: Vlad Tepes, Elisabeth Bathory, Gilles De Rais, Ed Gein, Peter Kurten y Fritz Arman entre otros.
Todos ellos, cometieron en distintas épocas numerosos asesinatos de tipo sádico, por unas u otras razones, llegando incluso a beber la sangre de sus víctimas, también todos ellos han sido llevados al cine: Drácula, La condesa Sangrienta, El Vampiro de Dusseldorf, La ternura de los lobos, Deranged, Ed gein...

Los vampiros


Si bien existen sugerentes leyendas en todas las civilizaciones de la Antigüedad, desde Egipto a Sumeria, la primera referencia histórica del vampiro se encuentra en la obra de Lucio Apuleyo, un escritor y filósofo romano, que vivió entre los años 125 y 180. Su novela De Asino Aureo cuenta la historia de dos hermanas malignas, Meroe y Panthia, que bebieron la sangre de un tal Sócrates (ninguna relación con el gran filósofo griego). Las hermanas cerraron las heridas de Sócrates con una esponjilla para que éste no se diera cuenta de la pérdida de sangre, pero cuando al día siguiente se inclinó para beber agua de un río, la esponjilla se cayó al agua, y tras ella la última gota de vida. El vampiro como muerto viviente bebedor de sangre ya era conocido en las leyendas de algunos países, siendo posible encontrar relatos en Inglaterra y Dinamarca durante el siglo XII que nos hablan de seres parecidos. Con el tiempo, y especialmente gracias a las novedades que aportaba el llamado Siglo de las Luces, donde se vive el triunfo de la razón y el desprestigio de las supersticiones, fueron poco a poco desapareciendo. Pero años más tarde surgió una de las personas que más hizo para avivar estas creencias en el vampirismo, aunque su idea inicial era rebatir su existencia: el padre benedictino Dom Augustin Calmet (1672-1757). Calmet vulgarizó en el siglo XVIII las leyendas y fábulas de Centroeuropa sobre los vampiros, exponiendo en su obra Tratado sobre los vampiros (1746) las historias de estos seres en tierras de Austria, Hungría, Polonia, Serbia, Moravia, Silesia y Prusia, aunque también anotó casos de lugares tan distantes como Perú, Laponia o Inglaterra. También han existido las leyendas de vampiros en España, como muestran las guaxas en Asturias, las guajonas en Cantabria y las meigas chuchonas en Galicia, todas ellas con un solo colmillo para succionar la sangre de sus víctimas, sobre todo niños.

NOTA: En esta página hay un audio muy interesante sobre los vampiros : http://www.enigmasymisterios.net/nspip/article966.html?lang=es



Los vampiros alrededor del mundo



Como ya hemos mencionado, el vampiro es un tema común en diferentes pueblos alrededor del mundo. Incluso, es posible encontrar referencias a estos seres en culturas tan antiguas como Roma, Sumeria y Egipto.

A grandes rasgos, podemos decir que las leyendas sobre vampiros corrieron de Este a Oeste a través de la ruta de la seda, por el Mediterráneo; los gitanos se encargaron de llevar dichas leyendas a Asia, a países eslavos del Este de Europa, donde encontramos las leyendas más ricas sobre estos seres, y por último a los Cárpatos.

En Mesopotamia se hablaba de seres muy similares a los vampiros a quienes llamaban Utuhu y Maskin y se creía que ellos eran los culpables de enfermedades. Los ekimmu en la antigua Asiria, eran espíritus de personas que no habían tenido un buen entierro y no se les había hecho ninguna ofrenda, como venganza regresaban a succionar la sangre de los humanos. En Egipto, la Diosa Srun tenía grandes colmillos, aspecto de lobo y se alimentaba de humanos. En Fenicia se pensaba que cuando un niño moría era a causa de Lilitu que se alimentaba de su sangre. En la India, la gente ofrecía sacrificios humanos a la diosa Kali Ma.

En la antigua Grecia la mitología hablaba de Lamia que se alimentaba de la sangre de los niños. Empusa era otro vampiro griego hija de la Diosa Hécate, las striges eran deidades con rostro de mujer y cuerpo de ave que se alimentaban de la sangre humana, probablemente estas striges se convirtieron más adelante en las primeras sirenas de la mitología griega.

Sin embargo, la primera referencia documentada sobre vampiros la encontramos en el año 125 a.C con la obra De asino aureo escrita por el filósofo romano Lucio Apuleyo en la que escribe que Meroe y Panthia, dos hermanas, bebieron la sangre de un Sócrates (no relacionado con el filósofo griego).

Benedicto XIV escribió su De vanitate vampirorum en 1749, pero es sin duda gracias al Tratado sobre los vampiros que Agustín Calmet escribió en 1746 que la tradición vampírica se extendió en toda Europa, causando al mismo tiempo terror y fascinación. Durante algún tiempo se llegó a pensar que las brujas y los hechiceros enviaban sus almas a robar sangre y hacer daño incluso antes de su muerte.

En 1863 se habló de una epidemia vampírica en Bulgaria que finalizó hasta que una bruja encontró la manera de destruir al espíritu; además, se decía que los vampiros tenían dos formas: la primera duraba los primeros 40 días en la tumba donde aprendía a ser maligno, una vez pasado este periodo salía de la tumba con la forma que tenía en vida con la única diferencia de tener una larga lengua puntiaguda.

En Transilvania, localizada en lo que actualmente conocemos como Rumania Central existía un vampiro llamado murony que podía convertirse de humano en perro, gato, murciélago o cualquier insecto que se alimente de sangre.

Vieszcy es el vampiro ruso que comía de sus propias manos mientras estaba en la tumba, pero a la media noche cuando lograba escapar se alimentaba de la sangre del ganado. En Alemania se les conocía como neuntoter y se les acusaba de esparcir la peste; los nachzehrer eran otra clase de vampiros alemanes.

España también gozó de tradición vampírica con las guaxas, las guajonas y las meigas chuchonas cuya característica en común era el tener un sólo colmillo con el que succionaban la sangre de humanos. En Cataluña está Ugares.

Los aborígenes australianos consideraban la sangre como la principal fortaleza de los vivos, por lo que la daban de beber a sus enfermos; también acostumbraban a hacer ofrendas de su propia sangre a los espíritus de familiares muertos; si la sangre no se ofrecía de forma libre, entonces el espíritu se enojaba y la robaba de sus familiares.

Algunas tribus africanas también hacían ofrendas de sangre humana o animal a los espíritus de sus ancestros; sin embargo, si la sangre no provenía de un sacrificio, el espíritu podía sentirse ofendido y regresar en forma de un animal para esparcir enfermedad y muerte a sus familiares vivos.

Por último, en diversas culturas de Latinoamérica también encontramos referencias a seres que se alimentaban de sangre humana, como es el caso de los Mapuches con los Pihuychen y Trelke-wekufe, que más tarde serían adoptados por los chilenos; los Aztecas tenían a Civatateo que era el fantasma de una mujer que murió cuando niña y en venganza atacaba a los niños; los Mayas hablaban de Camazotz que era un murciélago con rasgos humanos.

http://lascosasquenuncaexistieron.com/Articulos/20/los-vampiros-alrededor-del-mundo

viernes, 6 de febrero de 2009

Sarah Ellen - Una Vampiro Inglesa sepultada en Pisco - Perú

Se trata de la historia trágica de Sarah Ellen, nacida en el siglo XIX en Inglaterra. En Pisco fue conocida sencillamente como Sara, su tumba se encuentra en el cementerio de la “Beneficiencia Pública” que tiene 150 años.

La leyenda de su vida tomó cuerpo, nuevamente, entre los habitantes más antiguos, cuando el 30% de las tumbas resultaron fuertemente dañadas por el sismo. La sepultura de la “mujer vampiro” permaneció intacta. Una ola de miedo y añejos recuerdos de viejos abuelos, recorrieron la espina dorsal de la comunidad “pisqueña”.

Según David Ramos, administrador del referido camposanto, el nicho es visitado diariamente por unas 20 personas que le llevan flores por los supuestos milagros concedidos. Explicó que si bien Sara Ellen se hizo conocida por ser, presuntamente, una mujer vampiro tiene muchos adeptos que la consideran una “santa del amor”.

En su sepultura, un nicho más, se puede observar al menos 20 placas de agradecimiento y flores frescas. Ramos comentó que incluso es visitada por turistas extranjeros.

Esta historia despertó mi curiosidad y me propuse investigar más de esta extraña mujer y su trágico fin.

Sarah Ellen Morgan , nació el 23 Abril de 1862, en el seno de una familia pudiente. Su padre fue John Carmen Morgan ‎nacido el 14 Agosto de 1842 y fallecido a los 63 años. Su madre se llamaba Rebecca D. Barker nacida en 1840, Ohio, USA. Murió el 21 Abril 1898 a los 58 años, en Barnes City, Mahaska, Iowa, USA.

Sarah tenía cuatro hermanos, Dora Almeda Morgan, William Norman Morgan, Augustus Orren Morgan y John Theron Morgan, quienes, aparentemente, llevaron una vida absolutamente normal.

Se dice de ella que era una mujer hermosa, casada, pero muy conocida por su afición a la magia negra y a los embrujos. En su natal Blackburn, Inglaterra fue acusada por sus vecinos de brujería, vampirismo y asesinato, y por ello ajusticiada en 1893. Antes de morir, Sarah Ellen, habría lanzado una insólita maldición, en la que prometía que cien años después de su muerte volvería para vengarse de los descendientes de sus asesinos, transformada en la figura de una hermosa mujer.

La leyenda cuenta, que a las gentes de la ciudad el vaticinio les preocupó y obligaron a su marido a enterrarla lo más lejos posible de Blackburn, y de Inglaterra. Sus restos fueron enterrados finalmente en 1917 en suelo andino del Perú.



Cómo y que momento llega al Perú, los “pisqueños” no lo tienen muy claro. Para muchos es considerada una santa muy eficiente para unir a las parejas, muchos rezan frente a su nicho, agradecen favores concedidos y le llaman, con cariño, “doctora corazón” o “casamentera”.

Su resurrección se esperaba para el 17 de Julio de 1993. Para algunos testigos de esa época tal resurrección no se produjo pero, ese día, la lápida de la tumba comenzó a crujir. Desde antiguo el lugar de su reposo eterno era visitado, periódicamente, por curanderos y peregrinos para rezar a fin de que la mujer vampiro no abandonara su tumba. Estaban convencidos que Sarah Ellen, pese a todo, resucitaría algún día.

Se dice que en el pasado en muchas casas del pueblo ser colocaban trenzas de ajo que, como se sabe, según la tradición alejan a los vampiros que quieren morder a sus inocentes víctimas, a ello se agregaron estacas de madera y cruces bajo las almohadas, para alejar el peligro de alados vampiros que pudieran irrumpir en las casas en busca de sangre de sus moradores.

Cuentan que el año 1993, a contar del 9 de Julio, decenas de personas se dirigieron al nicho donde reposan los restos de la “mujer vampiro”, en tanto que las autoridades aumentaron la vigilancia policial en el cementerio a fin de descartar la posibilidad de una profanación. A las cero horas de cumplida la fecha de la maldición la radios anunciaron que esta no se había cumplido.

Para algunos habitantes, la maldición no fue cumplida por ser las palabras de Sarah interpretadas como un enigma, y que ella lo que quiso decir es que en esa fecha se reencarnaría en una mujer. Se interpreta esto como que ese día nació, en algún lugar, una niña que con lo años tendría singular hermosura y mediante la cual la “mujer vampiro” ejercería su anunciada venganza.

Pisco ha sido siempre una ciudad de leyendas, de exquisitos licores y de muchas historias. Su gente es amable y acogedora.

En cuanto a la tumba de Sarah Ellen, existe una versión menos romántica y misteriosa. Se cuenta que era la esposa de un marino mercante Inglés y que enfermó gravemente cuando el barco, que capitaneaba su esposo, ancló en Pisco. Uno de los remedios que ingería para su mal era un liquido de subido color rojo, que muchos interpretaron como sangre y de allí la historia del vampirismo y todos sus agregados posteriores.

Sin embargo la leyenda original tiene más de cien años y en cada uno de ellos, que duda cabe, se le agregan nuevos detalles a lo que debemos incorporar, ahora, la milagrosa resistencia de la tumba al tercer sismo más grande registrado en el mundo.

miércoles, 31 de diciembre de 2008





FELIZ 2009!!!
MIS QUERIDOS VAMPIROS QUE VISITAN ESTE LUGAR!!

martes, 28 de octubre de 2008

CREPÚSCULO ROJO - H. Pascal




"Si las metáforas son las perversiones del lenguajes, entonces las perversiones son las metáforas del amor." Karl Kraus


—No puedo.
—Claro que sí.
—Te advierto que no puedo. No estoy en días propicios.
El pasó la lengua por sus labios. Ella miró ese gesto no como un signo de gula, sino como una mueca en que se evidenciaba, una vez más, deliciosamente, su inmadurez.
—Además no quiero. Luego sueño feo.
—Los sueños son sólo un camino hacia el deseo.
El acercó su mano hacia la cintura de ella. El umbral de la puerta estaba iluminado por un cielo rojo, un extraño resplandor de media noche.
Ella deshizo el conato de abrazo.
—Sí puedes. Y sí quieres.
Era el cabello rojo de ella que cubría toda la noche, toda la percepción de él. Todo su gusto exacerbado. Sus colmillos retráctiles estaban a punto de saltar. Pero se contuvo. Dominó el salto del vampiro. La necesitaba a ella, olía su sangre a través de la falda, a través de las sombras rojizas de la noche.
—Sí quiero, pero no puedo. Te lo juro.
—No jures en vano.
Volvió a acercar sus manos hacia el talle femenino. No hubo resistencia, a pesar de que lo eludía, pues abrió el umbral de su casa para dejarlo pasar.
—Aquí abajo no. Vamos a mi alcoba.
Era una diosa terrible cuando subía aquellas escaleras oblongadas. Una diosa arribando lentamente al cielo oscuro del deseo. Una doncella de otros tiempos a punto de perder la virginidad, otra vez.
Atravesaron el pasillo de hierro. Atravesaron la mente del universo, el camino hacia un quart a punto de estallar cuando entraron a la recámara iluminada por neones de colores. Atravesaron el tacto de Dios cuando finalmente se abrazaron. Ella traía la blusa azul. La blusa que como un mar en retirada fue deshaciéndose en un extenso escote a medida que se desprendían los botones. Una ola que se dilataba y se contraía como un ciclón que se deshace para dejar paso al festejo de la creación. El reino de la carne blanca ante los ojos de él.
—Déjame tocarte.
—Abre tu boca.
—Déjame verte más.
—Abre tus sentidos, abre tu tacto, desenvuelve tu toque de chaman, distiende tu lengua de bardo, despliega las velas de tu vida. Déjame mostrarte otro camino hacia el vacío.
La camisa blanca, los jeans, la lengua de los tenis, las agujetas de la conciencia se desprendieron. Cayó de rodillas ante ella. Tomó desde abajo los senos pequeños mientras miraba hacia el elevado altar de su hermoso rostro, de su sonrisa, de su cabello rojo. Fue bajando el beso de sus dedos por el pecho, por el abdomen y el talle hasta llegar a la falda. Acarició la piel de la pelvis a través de la tela, bajando más y más, sin dejar de mirarla, sin dejar de sentir su aliento rojo sobre él. Las manos penetraron por debajo de la falda para hallar la pequeña pantaleta y la jalaron, lentamente. Los ojos siguieron el movimiento de los párpados de ella, entornándose; los oídos escucharon el leve sonido de la toalla íntima al desprenderse de la tela.
—No, no; así no—, dijo ella, cuando él retiró la toallita humedecida de rojo y comenzó a alzar la falda empujando con su rostro, oliendo la sangre, el tejido casi vivo que se desprendía suavemente de aquel nudo de nervios, fuente de desconciertos que la atravesaba entre las piernas.
—Sí, así sí...
Ella intentó retirar ese rostro hambriento que buscaba sumergirse en su interior, y jaló suavemente sus cabellos. Pero no pudo, no quiso ser capaz. No deseaba contener el toque de esa respiración anhelante, la brecha que abría en su alma esa búsqueda inefable.
La lengua en busca de la sal. El goce en busca del deseo. La vida en busca de la muerte. La muerte en busca del placer. La lengua en busca de una gota de carne, de una gruta enrojecida, de un manantial de fluidos imprecisos.
Ella respingó hacia atrás. Ella sintió cómo se rasgaba de lascivia; ella sintió la mórbida vía láctea que reventaba lentamente en su interior.
—No, así no.
—Así sí...
Cada vez más profundamente, cada vez más sangre, más fluidos, más células, más savia primordial en busca de la caricia de gato salvaje que la engullía, más fuego líquido para llenar el hambre de esa lengua hecha de conflagraciones, más zumo de fervoroso amor para ahogar la idolatría del santo idiota arrodillado a sus pies.
El ascenso hacia el cielo obsceno del deseo, el descenso al mar luminoso de la desesperación.
La caída incesante. La vida dilatada en un grito, la muerte comprimida en un suspiro final.
Cuando se desmayó, él la tenía férreamente sostenida por la cadera, aprisionando sus glúteos con las palmas, clavando las uñas en su cintura.
Los colmillos retráctiles habían saltado como dos estacas de marfil perfecto. Los ojos habían nutrido su color con la sangre, con los tejidos, con el sentido de la realidad única. Con la delicia de la nutrición profunda, espiritual, libertina, incompleta, favorable, envenenada, propicia.
Se levantó tomando el cuerpo de ella entre sus brazos. La tendió en la cama y miró su figura entre penumbras. El torso desnudo. El cabello revuelto. La piel más pálida que nunca. Los ojos cerrados. La respiración de una diosa dormida. Los senos amodorrados. La falda alzada. El pubis abierto, los muslos con tatuajes incoherentes, hilos de sangre, hebras de fluidos rojos, trazos de tejido viviente, dibujos dadaístas, jeroglíficos que relataban el instante de una vida, glosolalias que cifraban su mensaje en la satisfacción.
La dejó así. Observándola mientras se vestía.
Cuando salió, la media noche le parecía más roja que nunca.
Miró hacia el parque. Nada lo observaba.
Se acercó para estar seguro de que sólo sonreía. De que en sus ojos no había otra cosa que una estúpida burla.
—Eso no cuenta—, dijo Nada.
—¿Qué?
—El mole de horqueta no cuenta.
—No te entiendo.
—Bebiste sólo endometrio. Comiste licuado de células, líquido de matriz. Eso no es sangre. Ergo, no cuenta.
El recuerdo de la madriza. Las ganas de repetir los chingadazos. La evocación instantánea de sus labios, de su sangre. El asco.
Escupió sobre Nada. La saliva aún rojiza escurrió por su rostro como una amiba derretida.
Nada suspiró.
Nadie le dio la espalda para internarse en la noche, en el crepúsculo rojo de sus propios pensamientos.

Merlina Y el diablito - Gerardo Sifuentes




El aire se corrompía conforme se acercaban.
Ella lo guiaba lentamente por callejones formados con cajas de madera delgada, rastros de verduras amargas desechaban sus vapores sobre el suelo. Y la mugre que se adhería a sus botas eran vestigios de extrañas sensaciones humanas, lágrimas y sudores que delataban la condición humana.
El viento en contra hizo que la esencia acaramelada de la sangre de Merlina lo enloqueciera, olvidando el entorno. Pensó en su nariz pecosa, en sus ojos avellanados, la figura delgadísima de muñeca que lo tomaba de la mano para guiarle por aquel laberinto.
Se llamaba Luz, pero él prefería llamarla Merlina.

La había encontrado en una lavandería, con esa mirada que delataba una inteligencia por encima del promedio, pero sobretodo, un ansia por salirse, por dejarse llevar.
«¿Se te ofrece algo?», aquella vocecita lo había embrujado.
Al aparecerse ella sobre el mostrador Sariel pensó en un delicioso acto de guiñol, de esos que no veía en mucho tiempo. A sus siete años Merlina era un santuario incorruptible en medio del caos de la ciudad, quizás el último trazo de inocencia que era lo que orillaba a Sariel a protegerla, y a dejarla ser.
No la había raptado, ella misma sabía que tenía que abandonar su hogar en aquel momento. Un par de juguetes, cepillo de dientes y un oso de peluche mugroso que asomaba por la mochila que colgaba de su espalda, equipaje suficiente.
Ella sabía que Sariel era inmortal. Desde el primer momento supo que no estaba vivo.
Merlina le decía cuando había peligro, le advertía sobre el reflejo de luna y ocasionalmente le ayudaba a encontrar a alguna persona «especial». Nunca había visto a Sariel entenderse con esas personas, jamás se lo permitía. Lo curioso era que nunca más volvía a ver a esas personas, sólo en ocasiones asomaban por la mente y sueños de Sariel.
Le gustaba la palidez de él, casi del mismo tono que la suya. Su rostro afilado, sus manos, sus dientes. Hacían una pareja perfecta. Lo cuidaba de día, le narraba historias para alimentar sus sueños, le hablaba del futuro, de los demonios que se apoderaban de él y de sus visiones.
Por la noche eran un par de extraños amantes paseando por los parques. Él la empujaba en el columpio, en ese péndulo que marcaba el ritmo de la extraña infancia de Merlina. Sariel le contaba historias de otras tierras y otros tiempos, de almas que vagaban por la ciudad en busca de compañía, cuentos de sangre y rímel negro.
Merlina era especial en muchas formas, era la única cuyos sueños no podían ser leídos por Sariel. Y él se extrañaba por eso. Sus centurias vagando le habían hecho ver distintas perspectivas del mundo mortal. Aquellas personas que guardaban con celo sus sueños eran más propensas a ser amadas.
Una noche le había dicho que en realidad ella era una bruja. Y Merlina se alegró mucho con la noticia.

Aquella tarde Sariel despertó con la insistencia de ella.
Arrastraba las botas, Merlina se aferraba a su deshilachada chamarra de mezclilla, llevándolo por calles que habían perdido su nombre .
En su interior Sariel sabía que se trataba de una prueba de creencia.
Así que llegaron al mercado, vacío, lleno de focos amarillentos que semejaban estrellas en decadencia.
San Martín Caballero observaba con compasión desde su montura a un mendigo. El cromo se perdía entre una hilera de cabezas de ajos, herraduras y barajas de lotería, todo con un fondo de terciopelo rojo y lentejuelas metálicas que hacían un baño de sangre artificial. Unas pequeñas plantas de sávila, verdes, lechosas, guardaban cada esquina del local saturado de fetiches.
Las ranas secas bailaron con las ráfagas fugaces de viento.
Una anciana, arrugada y casi ciega, entonaba una antigua canción de cuna.
«Señora Santa Ana, ¿por qué llora el niño?»
«Por una manzana que se le ha perdido», pensó Merlina completando la canción, sin meditar que nunca la había escuchado antes en su vida.
Las veladoras en honor a la Virgen de Guadalupe se apagaron de golpe, llevándose la veneración. Los sobres del ungüento del amor, del zorrillo y otros productos desaparecieron a los ojos de Sariel, el olor a incienso le picó en la consciencia. El humo se llevaba los rezos escondidos de la anciana. Podía escucharlos, sigilosos, entremezcla pagana y religiosa que se unía al cielo.
Una mujer joven aguardaba en un rincón. Morena, exquisita. Especial. La astucia refulgiendo en sus ojos, vileza detectable a distancia.
Sariel mostró sus afilados incisivos, abrazando a Merlina, la fiera protegiendo a su cría.
—Dame a mi hija, nahual.
Sariel no comprendió el adjetivo, y mucho menos la maternidad sorpresiva. Las brujas tenían modos extraños de presentarse.
—El padre no tiene nombre pronunciable —la mujer se les acercó con cautela felina, sintiendo el olor de Sariel en la atmósfera, el perfume que pocas personas podían reconocer, partículas destiladas en aquellos organismos mágicos.
Merlina quería llorar, arrancarse a correr, decirle a Sariel que se arrepentía y que no había mejor lugar en la ciudad que aquella lavandería con olor a suavizante donde se habían conocido.
La anciana derramó una lágrima que sólo la niña pudo ver. La habían engañado.
Sariel recibió una embestida de plegarias inconexas, la mujer estaba decidida a arrebatarle a su Merlina. A su única compañía, a su amante.
Se distrajo.
Y las uñas de la mujer trazaron pequeños surcos en el rostro de Sariel, veloces aún para él, impulsadas por una fuerza que escapaba a sus conocimientos.
«Yo por ti me moriría de nuevo», pensó.
Surgió la bestia contenida en él, buscando el daño preciso, el frágil hilo de la vida que pudiera romperse. Por que la bruja, después de todo, tenía la sangre caliente. Y cada gota ácida que cayó sobre su cuerpo le llenaba de confusión.
Comprendió que Merlina observaba a la creatura que en realidad era Sariel.
Pero lo hacía por ella.
Y la afilada dentadura encontró el cuello, desgarrando la piel, llenando su boca con sangre hechizada, saturada con sabiduría obscura, antigua.
La separó de él.
—Tu y yo somos de la misma especie —la mujer habló sofocándose, mezclando sus lágrimas con su propia sangre—. La niña te traerá problemas.
«No importa», pensó Sariel. Hundió su delgado brazo en un costado de la mujer, percibiendo su dolor, su extinción ingrata. Tomó el negro corazón que se convirtió en arena.
El resto de su cuerpo se marchitaba lentamente, contrayéndose en una combustión invisible propia de aquellos que poblaban la noche.
Sariel lloraba. No sería inocente a los ojos de su Merlina
«Yo por ti me moriría de nuevo», la besó en la frente.
Para ella Sariel siempre sería inocente. Por que los niños siempre buscaban un refugio, un amigo imaginario que los protegiera, que los escuchara. Merlina tenía mucha suerte, Sariel era real. Tomó del suelo una baraja de lotería. El Diablito bailaba gozoso en aquel rectángulo de cartón. Sariel era parte de una lotería obscura que se abría paso en tierra extraña. Sonrió.
La calma.
Aquellos seres nocturnos no existían. No en este mundo. No al que alguna vez Merlina había pertenecido.
La anciana abrazó a Merlina y la santiguó con una fe envidiable. Descolgó de su estantería un pequeño amuleto, una semilla redonda, obscura, un ojo de venado. Lo colgó alrededor del pequeño cuello. Ahora Merlina estaría más protegida que nunca.
—¿Quién es Merlina? —preguntó Sariel a la anciana.
—Tu corazón —la anciana le acarició las heridas que de inmediato sanaron.
Había cosas en el mundo que se podían curar.
Los vio alejarse.
—¿Y tú que eres? —Merlina preguntó mientras descansaba su cabecita en el hombro de Sariel
Él no contestó. No lo haría.
Sariel la cargó de camino a su refugio. Y por primera y única vez le leyó un sueño, mismo que guardaría como un preciado tesoro.
Merlina durmió hasta muy tarde al día siguiente, sujetando con firmeza el ojo de venado sobre su pecho. Al despertar, observó a Sariel en su trance, y recordó lo que él le había dicho en sueños:
«Aquí es la encrucijada, Merlina. Soy parte de ti, y te protegeré hasta que crezcas, hasta que llegue el punto en el que comprendamos tu verdadera misión en este mundo cambiante. Podrás contarle a la gente sobre nuestras experiencias, lo contarás cuando seas una verdadera bruja, pero mientras descansa, soy solo un demonio que desplaza leyendas que poco a poco mueren, y créeme que no es nada fácil llevar esta carga...
«Te amo.»
Merlina abrazó a su vampiro, esperando pacientemente hasta que el crepúsculo los reuniera de nuevo.